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El deporte en tiempos de guerra: ¿Refugio, distracción o responsabilidad?


El deporte suele presentarse como un territorio donde las banderas conviven, los atletas compiten en igualdad de condiciones y el resultado depende únicamente del rendimiento dentro del campo de juego. Sin embargo, cuando las guerras o tensiones geopolíticas aparecen, esa aparente separación entre deporte y política empieza a volverse difusa.

A lo largo de la historia, el deporte convivió con conflictos bélicos de distinta magnitud. Durante la Primera Guerra Mundial (1914‑1918), muchas competencias internacionales y locales se suspendieron, y varios atletas abandonaron sus sueños para luchar en el frente; clubes enteros perdieron a jugadores y entrenadores, y algunas ligas nacionales llegaron a desaparecer temporalmente.


La Segunda Guerra Mundial (1939‑1945) profundizó aún más esta situación: los Juegos Olímpicos de 1940 y 1944 fueron cancelados, y numerosas instalaciones deportivas fueron transformadas en hospitales o bases militares.


Sin embargo, en otros contextos y conflictos más localizados, los eventos deportivos continuaron como una forma de sostener cierta normalidad entre la población. Por ejemplo, durante la Guerra Civil Española, pese al conflicto interno, algunas competencias de fútbol y ciclismo siguieron disputándose en territorios relativamente seguros, sirviendo tanto como vía de escape social como instrumento de propaganda política.


En la actualidad, el escenario internacional vuelve a estar atravesado por tensiones y conflictos armados. En ese contexto, las competencias deportivas siguen realizándose en diferentes partes del mundo, con atletas que viajan, entrenan y compiten mientras las noticias hablan de bombardeos, restricciones aéreas o crisis diplomáticas.


El impacto no es solo teórico. En estos días, varios de los eventos deportivos más importantes atraviesan situaciones de incertidumbre o alteraciones logísticas importantes, que redefinen el rol del deporte en tiempos de guerra.


1. La Finalissima

Este es, quizás, el caso más mediático y reciente. La Finalissima, el partido entre las selecciones campeonas de América y Europa, estaba prevista para disputarse en Doha el 27 de marzo. Sin embargo, la reciente inestabilidad regional tras los ataques en el Golfo puso el evento en jaque. La Asociación de Fútbol de Qatar llegó a suspender todas sus competiciones locales durante más de una semana, lo que generó incertidumbre sobre la realización del encuentro.


Aunque la liga qatarí ha retomado su actividad en los últimos días intentando dar señales de normalidad, los organismos internacionales aún no confirmaron la sede definitiva. Entre las alternativas que se evalúan aparece el regreso a Wembley o el traslado a Miami, sede en un país que está en conflicto. La decisión mantiene expectantes a los fanáticos que esperan ver, quizás por última vez en un escenario de este calibre, el duelo generacional entre Lionel Messi y Lamine Yamal.


2. La Copa Mundial de la FIFA 2026

A menos de 100 días del inicio del Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, la organización del torneo enfrenta importantes desafíos políticos, de seguridad y logísticos.


Será el primer Mundial con 48 selecciones y más de 100 partidos, y aunque la planificación avanza, los acontecimientos recientes generaron incertidumbre sobre la participación de algunos países y la seguridad en varias sedes.


Una de las situaciones más delicadas involucra a la selección de Irán. El equipo persa tiene programados sus tres partidos de fase de grupos en suelo estadounidense. Si bien las autoridades de Estados Unidos confirmaron que los jugadores y el cuerpo técnico no se verán afectados por las restricciones de visado, sí se impedirá el ingreso de aficionados iraníes, limitando el apoyo que la selección podría recibir durante el torneo. Otros países africanos como Costa de Marfil, Haití y Senegal también verán vetada la entrada de sus seguidores, en línea con órdenes ejecutivas de la administración estadounidense.


En enero, también se anunció además la congelación de visados para hasta 75 países, entre ellos Brasil, Colombia, Uruguay, Argelia, Egipto, Marruecos, Ghana y Túnez, lo que refleja cómo las relaciones internacionales pueden influir directamente en la experiencia de los hinchas.


Además, México, con sus ciudades sede —Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara— ha estado bajo el foco internacional por cuestiones de seguridad. Tras la muerte de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se registraron incidentes violentos que generaron dudas sobre la capacidad del país para albergar un torneo de tal magnitud. Las autoridades mexicanas respondieron con un operativo de seguridad, desplegando casi 100,000 efectivos entre militares, Guardia Nacional, policía y seguridad privada para proteger las sedes y garantizar la seguridad de los visitantes.


3. La Fórmula 1 y su calendario en Medio Oriente

El campeonato de Fórmula 1, 2 y 3, organizado por la Fédération Internationale de l'Automobile (FIA), enfrenta un inicio de temporada marcado por la incertidumbre en Medio Oriente debido a la creciente tensión internacional.

El Gran Premio de Bahréin, previsto para el 12 de abril, y el Gran Premio de Arabia Saudita, planificado para el 19 de abril, se encuentran en zona de alto riesgo tras los incidentes recientes.


Aunque la FIA no ha anunciado cancelaciones oficiales, pilotos como Isack Hadjar y Oliver Bearman han estado hablando sobre los rumores de un abril sin carreras. La empresa Pirelli, proveedor oficial de neumáticos, suspendió los test que tenía programados en el país, un indicio de precaución frente a la situación de seguridad.

Paralelamente, equipos y pilotos han comenzado a modificar sus rutas de viaje, evitando escalas en Medio Oriente como Dubái o Doha y elevando su trayecto de viaje hasta casi tres días en aviones. Estas decisiones buscan garantizar trayectos más seguros ante el cierre o las restricciones en espacios aéreos de la región y el riesgo de nuevos bombardeos, lo que vuelve más complejo el traslado de personal, equipamiento y material técnico del campeonato.


Además, para que haya puntos tiene que haber competencia. La Fórmula 2 tendrá en 2026 un calendario de 14 rondas (28 carreras) y la Fórmula 3 contará con 10 rondas (20 competencias). Si alguna fecha se cancela y no puede reprogramarse, directamente se pierden carreras y, por lo tanto, oportunidades de sumar puntos en campeonatos que ya de por sí tienen un calendario más corto que el de la Fórmula 1.


Por eso, cualquier modificación en los Grandes Premios genera incertidumbre en estas categorías: todavía no está claro qué ocurriría con esas fechas, si podrían cancelarse, disputarse más adelante en el calendario o incluso trasladarse a otro fin de semana. Al contar con menos rondas y un cronograma más ajustado, reprogramar eventos resulta mucho más complejo que en la máxima categoría.


También es importante tener en cuenta el impacto económico. La Fórmula 1 moviliza una estructura global que incluye equipos, patrocinadores, promotores y miles de trabajadores vinculados a cada Gran Premio. La cancelación o reprogramación de una carrera puede significar millones de dólares en pérdidas, tanto por derechos comerciales como por turismo, venta de entradas y acuerdos publicitarios.


4. Juegos Paralímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026

Incluso eventos que se desarrollan en Europa están siendo afectados indirectamente por el actual contexto internacional. El Comité Paralímpico Internacional (IPC) señaló que varias federaciones y comités paralímpicos tuvieron que modificar sus rutas para poder llegar a Italia.


Uno de los casos más evidentes fue el de Irán, que finalmente no pudo participar en los Juegos. El país tenía previsto competir con un solo atleta, el esquiador de fondo Aboulfazl Khatibi. Sin embargo, el Comité Paralímpico Internacional confirmó que el deportista no pudo viajar de manera segura debido al conflicto en la región, lo que obligó a cancelar su participación en las pruebas programadas de esquí de fondo.


La situación geopolítica también se reflejó en la ceremonia inaugural, celebrada el 6 de marzo de 2026 en la Arena de Verona. Entre las imágenes más comentadas estuvo el regreso de las banderas de Rusia y Bielorrusia a una cita paralímpica de invierno. Tras varios años de sanciones y restricciones derivadas de conflictos internacionales y escándalos de dopaje, el IPC autorizó la presencia de atletas de ambos países bajo sus símbolos nacionales, lo que generó controversia y protestas de algunos gobiernos y comités deportivos europeos. De hecho, varios países europeos decidieron boicotear la ceremonia inaugural como señal de protesta por esta decisión.


5. El escape de Manuel Armoa Morel en medio del conflicto

El voleibolista argentino Manuel Armoa Morel vivió días de extrema tensión en Abu Dhabi, donde se encontraba disputando la final de la liga local con el Al Jazira Volleyball Team cuando estalló el conflicto en la región el sábado 28 de febrero.

En un mensaje publicado en redes sociales mientras viajaba de regreso, el sanjuanino comenzó su relato con una frase que resume la intensidad de lo vivido: “Escribo estas palabras con un nudo en la garganta”.


Ese mismo día debía disputar la final del torneo y, pese a los ataques con misiles y drones contra bases militares y aeropuertos, el partido se jugó. Armoa Morel fue una de las figuras del encuentro y aportó 30 puntos, aunque luego reconoció que “nuestras cabezas estaban en el cielo de Abu Dhabi”.


Después del partido comenzaron las horas más difíciles. El jugador contó que pasaron noches enteras refugiándose dentro del departamento y en el segundo subsuelo del estacionamiento del edificio, utilizado como búnker, mientras llegaban alertas al celular que advertían sobre nuevos ataques. “Encerrados en el baño, sin dormir, con misiles en el cielo y explosiones alrededor”, describió. También recordó la preocupación de sus seres queridos: “Nuestras familias y amigos en Argentina y en distintas partes del mundo intentaban saber cómo estábamos”.


En medio del miedo, el deportista destacó el rol de su madre, que había viajado desde Argentina para verlo jugar la final. “Nunca vi a alguien tan guerrero como mi mamá. No merecías vivir esto, pero nos tocó y por suerte lo pasamos juntos”, escribió al recordar esos momentos.


Finalmente, ambos lograron conseguir uno de los pocos vuelos que salieron de la región. Mientras viajaban en el vuelo Emirates 261 desde Dubái hacia Guarulhos, en Brasil, Armoa Morel expresó su alivio por haber dejado la zona de peligro y cerró su mensaje con un deseo claro: “Deseo con todo mi corazón que pare la guerra”.


El antecedente de Rusia

No sería la primera vez que un conflicto internacional impacta con fuerza en el deporte. En 2022, la Invasión rusa de Ucrania provocó un verdadero terremoto en el escenario deportivo global. El impacto llevó al Comité Olímpico Internacional a recomendar a las federaciones internacionales que excluyeran a atletas de Rusia y Bielorrusia de diversas competiciones. Las consecuencias fueron inmediatas: desde la expulsión de equipos de torneos internacionales hasta la participación de deportistas individuales bajo bandera neutral, sin representar oficialmente a sus países.


Las sanciones aplicadas en 2022 se inscribieron en un historial más largo de controversias dentro del deporte internacional. Uno de los episodios más recordados fue el escándalo de dopaje vinculado a los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, que expuso un sistema de dopaje organizado a nivel estatal.


Desde la introducción de los controles antidopaje en los Juegos Olímpicos en 1968 y hasta los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se registraron 442 positivos que derivaron en la pérdida de 173 medallas. De esas infracciones, 133 correspondieron a atletas rusos, que perdieron 63 preseas, la cifra más alta entre todos los países.


Como consecuencia, Rusia ya había competido en varios eventos internacionales bajo restricciones: sin bandera ni himno, y bajo designaciones neutrales como “Atletas Olímpicos de Rusia”, una fórmula que permitió la participación de deportistas sin que representaran oficialmente al Estado ruso.


Un debate abierto

Este escenario abre preguntas que no tienen respuestas simples: ¿Debe el deporte continuar como un espacio neutral, aislado de la política? ¿O tiene alguna responsabilidad frente a lo que ocurre en el mundo?


Para algunos, el deporte representa un refugio. Un momento de pausa frente a la violencia y la incertidumbre. Las competencias permiten que millones de personas se reúnan alrededor de una pasión compartida, incluso cuando las noticias son difíciles. Para otros, en cambio, el deporte nunca es completamente neutral. Las decisiones sobre sedes, sanciones, banderas o participación de ciertos países demuestran que los conflictos internacionales inevitablemente impactan en el ámbito deportivo.


Probablemente la realidad se encuentre en algún punto intermedio. El deporte no puede detener los conflictos armados, pero tampoco existe en una burbuja completamente separada del mundo. La historia demuestra que cuando el mundo entra en crisis, el deporte rara vez queda al margen.

En definitiva, el deporte sigue siendo un escenario donde se cruzan competencia, política y sociedad. Y cada vez que surge un conflicto internacional, vuelve a ponerse en debate hasta qué punto esas tres dimensiones pueden realmente separarse.


 
 
 

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