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Federico Capello: «Yo sabía que tenía un objetivo en mente»

Con apenas 20 años, el rider argentino de BMX Racing Federico Capello ya construye un camino marcado por la constancia, la disciplina y una fuerte convicción en sus objetivos.

Sus primeros vínculos con la bici aparecieron incluso antes de saber qué era el BMX: desde los 2 años andaba sin rueditas en una plaza de Río Cuarto y miraba a chicos hacer trucos sin saber lo que vendría. A los 4 años, tras ver por primera vez una competencia nacional y conocer a su entrenador Juan Pablo Bruno, dio el paso que cambiaría todo: empezó a entrenar y nunca más se detuvo.


Su crecimiento lo llevó a integrar la selección argentina en plena adolescencia y a sumar experiencias clave, como una exigente estadía en Europa, donde convivió con la distancia, el idioma, una lesión y situaciones personales complejas, siempre con un objetivo claro en mente.


Hoy, con un lugar asegurado en el camino hacia Lima 2027 y la mirada puesta en la élite internacional, Capello representa a una generación que empuja el BMX argentino hacia adelante, combinando talento, trabajo y una mentalidad enfocada en superarse en cada vuelta.


¿Cómo descubriste el BMX como deporte? ¿Qué te llevó a empezar a practicarlo?

Federico Capello: Arranqué a los 4 años, desde muy chico, cuando tenía 2 años y medio más o menos, empecé a andar en bici sin rueditas, siempre al frente de la casa de mi abuelo, en una plaza que es bastante conocida en la ciudad de Río Cuarto, en donde se juntan los chicos de freestyle a hacer trucos, es una plaza que tiene como rampas, entonces ellos siempre saltaban, hacían trucos y todo. A mí siempre me gustaba ir a verlos andar. Entonces, mi abuelo me ayudó a armar una bici para andar, saltar y hacer de todo.


Tanto mi abuelo como mi papá siempre se dedicaron al campo y eran muy amigos del padre y los abuelos de Francesca Cingolani, una chica muy conocida acá en la ciudad que fue campeona del mundo y que actualmente está viviendo y corriendo para la selección de Italia. Como éramos conocidos, los invitaron a que fuéramos a ver un campeonato nacional que justo venía a la ciudad, más que nada porque no conocíamos nada del deporte. Fuimos a ver, yo en ese momento tenía 4 años, hablé con el entrenador Juan Pablo Bruno y al otro día comencé el deporte. Desde que arranqué a los 4 años nunca frené.


Cuando empezaste a ver a los chicos de freestyle, ¿tu abuelo y tu papá no tenían miedo de que fueras por ese lado, sabiendo los riesgos?

F. C.: En realidad nunca lo hablamos con ellos porque ninguno venía del lado del ciclismo. Mi papá toda su vida jugó al fútbol hasta terminar el secundario y después empezó a trabajar con mi abuelo.

En ese momento tampoco era un deporte tan conocido como hoy: eran chicos que iban a la plaza a saltar y hacer trucos, no había tantos lugares ni competencias como ahora. Así que era todo nuevo para todos, tanto el freestyle como el BMX en general.


Arrancaste a los 4 años, pero ¿en qué momento te diste cuenta de que esto iba en serio y que querías dedicarte al BMX?

F.C.: La verdad es que, desde que arranqué, me tomé todo con mucho compromiso y dedicación, desde muy chico, porque me criaron así. Igual, creo que en este deporte —y en cualquiera— es más o menos a los 11, 12 o 13 años cuando empezás a definir qué querés, hasta dónde querés llegar y cuáles son tus metas.

Ahí fue cuando más me nació decir “voy por acá, quiero esto”, empezar a ponerme objetivos. Después, en el día a día los vas trabajando, vas viendo resultados y también si realmente es para vos, porque demanda mucho tiempo y tenés que dejar cosas de lado.


¿Qué cosas tuviste que sacrificar para llegar a este punto en tu carrera?

F.C.: Yo creo que de mi lado no lo veo como un sacrificio. No me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé en cuanto a dejar cosas de lado, porque siempre supe que tenía que hacer ciertas cosas para poder cumplir con mis objetivos y mis sueños.

Sí, por ahí eran situaciones propias de la edad: juntadas con amigos, cumpleaños de 15, salidas o cosas del colegio. A veces prefería no ir, por ejemplo un viernes o un sábado, porque sabía que al otro día tenía competencia y tenía que estar bien descansado y preparado. Eran decisiones que tomaba entendiendo lo que quería lograr, era mi sueño. Por eso nunca lo vi como un sacrificio, sino como parte del camino para seguir mejorando y acercarme a mis metas.


¿A qué edad te convocan por primera vez a la selección de BMX y qué sentiste en ese momento? ¿A quién se lo comunicaste primero?

F.C.: Yo tenía más o menos entre 14 y 15 años, no recuerdo bien la edad exacta, pero era en ese rango, cuando ya había un proyecto de selección argentina juvenil.

Fue una mezcla de muchas sensaciones, sobre todo felicidad, porque era a donde yo quería llegar.

Creo que todo chico que hace deporte sueña con representar a su país, y para mí poder estar en la selección argentina y competir por Argentina es algo muy lindo, difícil de explicar con palabras. Sentía que todo el camino que venía haciendo empezaba a dar sus frutos y que estaba cumpliendo uno de mis grandes objetivos.

Cuando me convocaron fue una alegría enorme, y además poder compartir con otros chicos juveniles y también con la selección mayor.

La noticia fue medio en conjunto: se la comunicaron a mis padres y ellos a mí. Fue todo junto, con mucha felicidad, nervios y ansiedad, pero sobre todo motivación por lo que venía.


También te fuiste varios meses a Europa a entrenar, ¿Cómo fue esa experiencia de dejar todo acá e irte? ¿Y qué fue lo que más te costó?

F.C.: El año pasado estuve cinco meses viviendo en Suiza y ahora dentro de poco me voy de nuevo. La verdad que fue una experiencia muy linda, pero también difícil. Me costó dejar todo acá, sobre todo porque cuando recién había llegado surgió un problema familiar con mi madre, y yo no sabía bien cómo iba a estar ella ni si iba a poder volver. Eran muchas cosas en la cabeza, estando solo en un lugar nuevo donde no conocía a nadie más allá del entrenador y algunos chicos de las carreras.

También el idioma fue un desafío, porque no hablaba inglés al cien por ciento, entendía poco y me costaba comunicarme. Y, además, a las pocas semanas de llegar me lesioné la espalda y estuve más de un mes sin poder entrenar como debía.

Fue un conjunto de situaciones difíciles, pero yo tenía claro mi objetivo: clasificar a los Juegos Panamericanos Junior y después pelear por una medalla. Todo el tiempo pensaba en eso, en lo que quería lograr. Así que, aunque fue complicado dejar todo acá y adaptarme a lo nuevo, también fue parte del proceso y de todo lo que uno tiene que atravesar para cumplir sus metas.


Cuando estuviste en Europa tuviste una lesión, ¿Cómo hacés para que eso no te juegue en contra mentalmente cuando volvés a competir?

F.C.: Trabajo mucho esa parte con mi equipo, sobre todo con mi psicóloga. Es todo un proceso en el que uno tiene que entender que la lesión ya pasó y mentalizarse de esa manera. También es clave fortalecer físicamente la zona donde fue la lesión, y eso te da confianza para después trasladarlo a lo mental.

La idea es estar tranquilo, sin pensar que te va a volver a pasar. Porque si no, entras en un pensamiento negativo constante o incluso podes usarlo como excusa. Trato de sacarlo de la cabeza: ya pasó, no me afecta más, y enfocarme en lo que viene.


Cuando llegás a una competencia y hacés el reconocimiento del circuito, ¿Qué es lo primero que analizás y cómo definís la mejor estrategia?

F.C.: Primero reconozco el circuito y veo qué se puede hacer en cada parte, qué técnicas puedo aplicar. Una vez que tengo todas las opciones, empiezo a probar: hago una pasada de una forma, veo si me sentí cómodo, cómo voy a llegar a las distintas partes del circuito y trato de tener una idea de cómo voy a rendir en cada recta.

Después es cuestión de evaluar qué técnica es la más rápida pero también la más segura. Porque a veces hay opciones que salen bien una vez, pero son más arriesgadas o llegás cansado a ese sector y podés cometer errores. Entonces, busco la opción más práctica: algo que sea simple pero efectivo, que pueda repetir bien. A partir de eso lo entreno muchas veces y voy probando cómo se conecta con el resto del circuito o con otra recta, para que sea lo más parecido posible a una vuelta de carrera.


¿Cómo manejás los nervios en la largada y qué pasa por tu cabeza en esos segundos previos?

F.C.: Los nervios siempre están, sobre todo en la largada, en esos segundos cuando ya estás parado en la chapa. Pero trato de estar tranquilo, porque a esa altura ya está todo hecho. Sé que tengo que hacer mi vuelta, tratar de que sea mejor que la anterior, evitar errores y hacer una vuelta limpia. Para mí lo más importante es superarme en cada vuelta; si hago las cosas prolijas, a pesar de los otros rivales, va a salir todo de la mejor manera.


En la primera curva, ¿Cómo tomás decisiones tan rápidas?

F.C.: En la primera curva puede pasar de todo, así que es clave estar atento a la posición en la que venís y a lo que puede pasar alrededor. Son decisiones de segundos, que te puede cambiar toda la carrera, hay que tener la cabeza fría, elegir rápido y jugársela. No hay mucho tiempo para pensar: si dudas, perdes la oportunidad, cometer un error o quedaste atrás. Por eso, cuando tomo una decisión, voy con eso hasta el final.


Durante la competencia a veces hay mucho ruido o barullo, ¿es algo que te beneficia, te molesta o preferirías que no esté?

F.C.: No, no me molesta. Por ahí escucho cosas de afuera, pero estoy tan concentrado en la vuelta que no me desconcentra. Son segundos en los que voy 100% enfocado en lo que tengo que hacer, aunque aparezcan esos ruidos.

Capaz después de la carrera sí me quedo pensando en lo que escuché, pero en el momento no me afecta ni me altera. Todo pasa muy rápido, en 30 o 40 segundos, y estoy completamente metido en la vuelta.


En la final de los Juegos Panamericanos Junior, cuando ves la caída adelante tuyo, ¿cómo hacés para que eso no te afecte y seguir enfocado en la carrera?

F.C.: Fue una final con mucho caos. Thomas Maturano largó adelante junto con un colombiano y en la primera curva se tocaron y se fueron hacia afuera. En ese momento vi el hueco por adentro, tomé la decisión de pasar por abajo y jugármela.

Obviamente en esos segundos la cabeza piensa muchas cosas: qué pasó, si se golpearon, si están bien. Pero en plena vuelta trato de concentrarme en mí, en hacer las cosas lo más prolijo posible y no cometer errores. Porque más allá de lo que pasó adelante, sabés que todavía tenés a todos los demás atrás que también quieren ganar. Es volver a enfocarte en el presente, en la carrera, y terminar la vuelta de la mejor manera posible.


¿Cómo es tu entrenador, Juan Pablo, en situaciones así? ¿Mantiene la calma o también se deja llevar por la emoción?

F.C.: Siempre trabajamos con los pies sobre la tierra, sabiendo dónde estamos parados, porque eso es clave para seguir creciendo y mejorando. Juan Pablo es así, muy enfocado en ese aspecto. Pero en ese momento, en la final, obviamente estaba muy feliz por cómo se dio todo y por el logro.

Él sabía todo lo que yo había pasado en esos cinco meses, sin volver a casa, y que después de Europa fui directamente a Paraguay, donde recién me reencontré con mi familia. Estaba al tanto de todo ese proceso y de lo que significaba para mí ese objetivo. Entonces, cuando se dio el resultado, fue una felicidad enorme para los dos. Se estaba dando el objetivo que me había propuesto. Cuando crucé la meta, yo todavía no lo podía creer. Después de todo lo que había pasado, haber cumplido ese sueño fue una sensación increíble, estallar de felicidad, con muchas emociones juntas y recuerdos que se me venían a la cabeza en ese momento.


Federico Capello junto a su entrenador, Juan Pablo Bruno, en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción. Fotografía: COA
Federico Capello junto a su entrenador, Juan Pablo Bruno, en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción. Fotografía: COA

En la final, ¿cómo definís junto a tu entrenador la elección del partidor?

F.C.: Son decisiones que se basan sobre todo en cómo llegás a esa última vuelta, cómo te sentiste en el circuito y en qué partes sos más fuerte. No recuerdo bien si elegí primero o segundo, pero sabía que venía bien y que podía llegar a la primera curva entre los primeros.

Entonces la idea era elegir un carril, sobre todo de los de adentro, que no me frenara y me permitiera aprovechar ese punto fuerte. Creo que elegí el 1 o el 2, uno de esos.

A partir de ahí, es confiar en la decisión: salir a acelerar al máximo hasta la primera curva y después la carrera se va dando según lo que pasa en ese momento. Pero la clave es elegir en base a tus fortalezas y jugártela por eso.


Con Juan Pablo trabajan juntos desde que sos muy chico, ¿cómo fue evolucionando la forma en que se comunican con el paso del tiempo?

F.C.: Obviamente fue cambiando. Juan Pablo prácticamente me crió, es como un amigo, un hermano, incluso una figura muy importante para mí, porque empecé a entrenar con él a los 4 años. Compartimos muchísimas cosas: viajes, competencias, todo.

Hoy en día la relación es más cercana y hay más confianza. Él me sigue marcando lo que hago bien o mal como entrenador, pero también hay un espacio más distendido donde me pregunta cómo estoy, cómo me siento, si estoy cansado o no. Igual, siempre mantenemos el respeto de entrenador-alumno, que es fundamental para que los dos podamos seguir creciendo y mejorando juntos.


Federico Capello celebra la medalla de oro en el podio de los Juegos Panamericanos Junior de Asunción. Fotografía: COA
Federico Capello celebra la medalla de oro en el podio de los Juegos Panamericanos Junior de Asunción. Fotografía: COA

Al principio contabas que tanto vos como tu familia no conocían el BMX. Hoy, con tu trayectoria, ¿qué te dice o te pregunta la gente que no está dentro del deporte cuando se entera de que competís?

F.C.: Me preguntan mucho cómo es el deporte, en qué se basa, cómo son las carreras, el sistema de clasificación, cuántos corren, cómo entrenamos. Como no es un deporte tan conocido, la gente no tiene mucha información y quiere entender cómo funciona todo.

Hoy en día está creciendo cada vez más, pero todavía no es masivo. Yo siempre trato de explicarlo para que lo conozcan, se acerquen y también para ayudar a que el deporte siga creciendo.


¿Cómo ves el nivel del BMX Racing a nivel nacional y en Latinoamérica en comparación con Europa?

F.C.: Yo creo que en Argentina hay un muy buen nivel en todas las categorías, desde las más chicas hasta las mayores. En Latinoamérica también hay un nivel muy alto, sobre todo en países como Colombia y Brasil.

La gran diferencia con Europa es la cantidad de pilotos: allá hay muchísimos más corredores, incluso en competencias nacionales, y eso hace que haya más nivel en general. Acá el nivel es bueno, pero hay menos cantidad de pilotos, y eso influye en la competencia. Igual, en Argentina se está creciendo mucho; nosotros mismos nos juntamos a entrenar, sobre todo con los chicos de la selección, y eso ayuda a seguir mejorando.

En cuanto a las pistas, en Argentina tenemos solo una del nivel en el que competimos afuera, que es la de Santiago del Estero. Por eso, toda la preparación previa a competencias importantes la hacemos ahí: viajamos, entrenamos juntos y tratamos de adaptarnos a esas condiciones para después competir en torneos internacionales con algo similar.


Ya tenés el cupo a los Panamericanos de Lima, ¿qué objetivos te proponés para este año de cara a llegar en tu mejor versión?

F.C.: Sí, el cupo a Lima ya lo tengo, pero este año tengo otros objetivos importantes. Quiero estar presente en las Copas del Mundo y en el Campeonato Mundial, y llegar de la mejor manera a esas competencias.

También uno de los grandes objetivos es buscar la clasificación a los Juegos ODESUR, que se hacen acá en Argentina. Es una clasificación exigente porque es categoría élite y hay muchos con posibilidades, pero la idea es pelear por ese lugar. Y si no se da, seguir construyendo el camino y la proyección pensando en llegar de la mejor forma a Lima 2027.


Suponiendo que se da el sueño de ganar en Lima y eso te acerca a Los Ángeles 2028, ¿te imaginás ya con ese objetivo?

F.C.: Obviamente que sí, es un sueño. Creo que todos los deportistas trabajamos en base a eso, a los sueños y a dónde queremos llegar. Después es cuestión de sentarse, planificar y ponerse a trabajar: entrenar, alimentarse bien y hacer todo lo necesario para llegar de la mejor manera posible. Pero sí, sin dudas sería un sueño poder estar ahí.


Desde aquellos primeros años en la plaza de Río Cuarto hasta su presente en la selección, Federico Capello construyó un camino sostenido, marcado por el compromiso y la claridad en sus objetivos. Hoy, con experiencia internacional, aprendizajes que llegaron en los momentos más desafiantes y metas bien definidas, proyecta su carrera con ambición y convicción, enfocado en seguir creciendo y dar un paso más dentro del alto rendimiento.


 
 
 

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